Rita llevaba unos días preocupada por la salud mental de Andrés, su papá. “Se le olvidó cerrar la puerta el otro día; dejó su postre favorito sobre la mesa ayer en la tarde; hoy no estuvo listo a la hora de siempre para su caminata diaria con su amigo. Voy a tener que llevarlo al doctor”.
Preocupada, como es entendible, Rita pidió una hora con el geriatra, quien le hizo una serie de preguntas. Tras escuchar con atención cada respuesta y basándose en lo que conocía de Andrés —su estilo de vida, sus remedios, sus hábitos y cómo se había desenvuelto el último tiempo—, el médico concluyó: “La verdad es que, por ahora, no hay de qué preocuparse. Andrés ya tiene 85 años, es normal que se le olviden algunas cosas y que ande más lento para otras. No significa necesariamente que esté cursando una demencia”.
¿La demencia es una consecuencia normal de la edad?
No. Envejecer puede traer olvidos leves, pero la demencia no es una consecuencia normal de la edad.
¿Cómo diferenciar un olvido normal de la demencia?
La demencia afecta progresivamente la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
¿Cuándo consultar a un especialista?
Cuando los olvidos son frecuentes, empeoran o empiezan a afectar la autonomía y las actividades habituales.
¿La demencia puede ser reversible?
En algunos casos sí. Ciertas causas, como algunos medicamentos, déficits nutricionales o trastornos metabólicos, pueden ser tratables. Descubre qué es el deterioro cognitivo en el adulto mayor y cómo prevenirlo
La demencia es el deterioro grave y progresivo de funciones mentales como la memoria, el lenguaje, el pensamiento y el juicio, que produce cambios de personalidad y afecta la capacidad para realizar tareas cotidianas como cocinar, conducir y cuidar de la casa o de sí mismo.
Pero tener pérdida de la memoria no necesariamente implica que se sufre demencia. Ni tampoco llegar a la tercera edad implica una condena directa a una pérdida de la memoria que represente un problema para la independencia y autonomía.
El deterioro de la memoria asociado a la edad, que es el considerado normal o natural, no es más que un relativo o leve declive en la memoria a corto plazo, acompañado de una tendencia a aprender y recordar más lentamente. Muy diferente a lo que es la demencia.
Es decir, el adulto mayor puede normalmente extraviar cosas u olvidar algunos detalles, sin que ello implique que padece demencia, la cual hace que olvide mucho más que detalles y tenga dificultades para realizar tareas cotidianas y, por ende, para mantener su autonomía e independencia.
Es por ello que los especialistas ya no hablan de “demencia senil”, porque los olvidos recurrentes normales en la adultez madura no necesariamente implican pérdida de funciones mentales.
Causas de la demencia
La causa de la demencia es el daño o la pérdida de las células nerviosas y sus conexiones en el cerebro, no la vejez por sí sola.
Esta pérdida de células y conexiones nerviosas puede tener diversos orígenes, entre ellos:
En casos como los efectos secundarios de medicamentos, los trastornos de endocrinos y el déficit de nutrientes, la demencia podría ser reversible.
Si sospechas que tu familiar mayor podría estar presentando síntomas de demencia, consultar con un profesional de la salud es siempre el camino más seguro. Sin embargo, contar con información clara te permitirá afrontar esa cita con tranquilidad, evitando angustias innecesarias o diagnósticos apresurados.
Una forma práctica de distinguir si se trata de un olvido esperable por la edad o de una señal de alerta es observar la rutina diaria del abuelo:
Observar estas pautas no sustituye la evaluación médica, pero te dará bases objetivas para acompañarle mejor y consultar a tiempo.
En caso de que tus sospechas apunten hacia una posible demencia, igual no pierdas la calma. Hay muchos tipos de demencia y, según sus causas, algunas podrían ser reversibles.